Puede ser que suene a utopía, pero a mí, personalmente, me encantaría un mundo en el que no esperemos a tener un síntoma, un dolor o, peor aún, una enfermedad, para poner un parche a algo que ya está gestado. Me encantaría un mundo en el que la mentalidad de las personas se basara en mantener un estado de salud óptimo, no en intentar, por todos los medios, recuperarla cuando ya se ha perdido. Un mundo en el que tomáramos consciencia de la sutileza con la que nuestros cuerpos manifiestan síntomas que (también) tienen su origen en nuestros nudos y telarañas  mentales y emocionales. Me encantaría un mundo en el que no nos cuestionásemos si una cifra es cara o barata cuando se trata de nuestra salud. Es curioso que, vemos caro pagar por mantenernos en un estado saludable y, sin embargo, embargaríamos todas nuestras pertinencias por recuperarlo cuando ya es tarde. Sí. Parece ser que vivimos en una incoherencia constante. Sin embargo, estamos de suerte. ¡Nosotros mismos somos los que podemos cambiar nuestras creencias acerca de la salud y la enfermedad!

Puede sonar a utopía… Yo lo veo aquí, lo veo ya. Solo tenemos un vehículo. Solo tenemos un hogar. Piénsalo, solo tienes una casa en la que habitar y, al tiempo, es el vehículo a través del que transitas. El cuerpo es el templo en el que habitas. Como lo trates hoy definirá el estado en el que se va a sentir mañana.

El cuerpo es el hogar en el que habitamos y el vehículo con el que nos desplazamos

No se trata de hacer un culto al cuerpo, ni de poner todo el foco de nuestra atención, únicamente, en nuestra parte física. Pero seamos honestos. Solo tenemos una oportunidad de transitar en esta vida, y esa oportunidad se nos da con este cuerpo que “Dios nos ha dado”. ¿Por qué no mejor cuidarlo de una forma natural? ¿Por qué no mimarlo? Hay muchas maneras de hacerlo. La quiropráctica es más que una herramienta para el cuidado de nuestro organismo, es también una filosofía de vida que apuesta por la salud de una manera integradora. Al final, el cuerpo es el único hogar en el que vas a estar a lo largo de toda tu vida y el único vehículo que va a permitirte ir de un lado a otro. ¿Somos consciente de hasta dónde somos capaces de llegar y de qué manera?

Dándole una vuelta al dolor y a la enfermedad

A todos, absolutamente a todos los seres humanos, nos acecha la enfermedad. Evidentemente podemos intentar esquivarla, pero, muy honestamente y siendo francos con nosotros mismos, cuando una experiencia de vida requiere ser experimentada, no podemos evitarla. La vida se está dando continuamente, y la enfermedad forma parte de esta vida. Lo único que podemos hacer es vivirla con entrega o, por contra, con resistencia. La enfermedad puede llegar a ser una herramienta muy valiosa a la hora de conocernos a través de ella. Escuchar a nuestro cuerpo nos permite también ser conscientes de aquello que todavía no conocemos o no hemos terminado de indagar en nosotros mismos. Pero, para ello, es necesario tener una conciencia corporal despierta, que atienda la sutileza de los síntomas que se nos manifiestan.

En nuestra sociedad, afortunadamente, cada vez son más las personas que tienden a mantener un diálogo activo entre cuerpo y pensamiento. Cada día somos más los que sabemos que un “disturbio” emocional mal expresado o “escondido” produce, irremediablemente, un síntoma a nivel físico. Que mantener un tipo de alimentación basada en comida procesada, grasas animales, azúcares, etc., es aumentar de manera exponencial la inflamación corporal. Y que, el hecho de escuchar el cuerpo, sus síntomas, por leves que sean, nos ayuda a prevenir futuras dolencias intensas, desajustes, incluso a prepararnos físicamente para que nuestro organismo pueda hacer frente con mayor precisión a cualquier agente externo que pudiera perturbarlo.

Este diálogo con nuestro propio cuerpo puede darse de forma espontánea, pero también disponemos de herramientas que nos ayudan a saber leer y entender los procesos físicos. La quiropráctica, sin ir más lejos, es una herramienta que, si la usamos más allá de nuestro pensamiento “no quiero sentir dolor”, puede llevarnos a descubrir sutilezas hasta ahora ocultas para nosotros. La sutileza, incluso, de sentir el bombeo de nuestro corazón, la circulación de la sangre por las venas, la vida que hay en cada rincón de nuestro organismo. La quiropráctica puede ser de gran ayuda para atenuar el dolor. Pero también, y más importante, para saber por qué se produce el dolor y como evitarlo con hábitos sanos y saludables. A veces, la mayoría de las veces, nuestro cuerpo reacciona ante situaciones estresantes vividas con inconsciencia emocional.

¿Qué he obtenido con la quiropráctica?

Recuerdo mi primer ajuste quiropráctico y recuerdo la sensación de no saber qué iban a hacer con mi espalda. Recuerdo el miedo (por qué no decirlo) que sentía mientras caminaba por primera vez hacia la camilla de un quiropráctico. Recuerdo sentir unas manos sobre mi columna, balanceándose de arriba a abajo de mi espalda. Aquellas manos me transmitieron confianza. Recuerdo cada ruido que emitió mi cuerpo, el peso sobre mis caderas, el abrazo del quiropráctico. Hasta el sonido del aire que exhalé. También recuerdo que, al levantarme de la camilla, sentí como si me hubiera quitado una mochila de 10 kilos de mi espalda. Y, sobre todo, la paz que reinaba en mí. Una paz que nunca antes había experimentado. ¡Es que no era ni conocedora de aquella sensación de tranquilidad y felicidad! Recuerdo todo aquello como si fuera ayer. Sin embargo, ya han pasado 12 años.

La quiropráctica para mí supuso un antes y un después en mi forma de ver la vida (y de sentirla!). Aquella paz, aquel remanso en mi estómago, me permitió escuchar a mi cuerpo como nunca antes lo había hecho. Hasta el punto que empecé a ser consciente de qué sucedía en mí antes de que apareciera un dolor o un síntoma. Y no únicamente de qué había comido, bebido o si había hecho un mal gesto o un sobresfuerzo. Empecé a tomar conciencia de cómo mi energía influía también en mi estado físico. Y fue a raíz de ese primer ajuste quiropráctico que comencé a interesarme por temas que hasta entonces ni habían existido para mí. Aprendí a observar qué sucedía en mi cuerpo cuando atendía pensamientos de culpa, de rabia, de tristeza, de rencor. Y, al mismo tiempo, cómo cambiaban las sensaciones en mi cuerpo cuando los pensamientos eran de gratitud, de amor, de compasión, de abundancia. Para no extenderme en palabras, la quiropráctica ha sido una puerta hacia la auto indagación y el autoconocimiento.

Si nos vamos únicamente a la parte física de los resultados que obtuve con la quiropráctica, tampoco me quedaría atrás. Puedo afirmar que mis migrañas se redujeron notablemente, que desaparecieron mis molestias en el sacro y la irradiación en la pierna izquierda, que comencé a dormir mucho mejor y, para otorgarle aún más credenciales a la quiropráctica, desde el primer ajuste se reguló mi menstruación (que nunca antes había sido regular). Y a todo esto añado la sutileza con la que detectas qué hábitos te hacen mal, qué alimentos que hasta ahora comías descartas porque hay un antes y un después en tu cuerpo. A nivel químico (el organismo evita la toxicidad) se produjeron cambios en los hábitos, volviéndome cada vez más saludable; a nivel físico mi  cuerpo empezó a pedirme una postura diferente, evitando el sedentarismo, por ejemplo, las malas posturas, los esfuerzos… Al final, si hago un recorrido me doy cuenta de que la quiropráctica, para mí, supuso un antes y un después en mi forma de vivir. Supongo que cuando mi cuerpo empezó a sentirse más saludable, a reducir síntomas y a funcionar mejor, yo me sentía mejor, tenía más ganas de hacer cosas, me sentía más viva incluso. Y aquí sigo, 12 años después, ajustándome de forma regular y acompañando a las personas que también quieren sentir ese cambio en sus vidas.

Mi experiencia laboral en Barcelona Quiropractic

9 años. Casi una década dedicándome a acompañaros en este recorrido hacia vuestra salud. Y seguiría muchos años más aconsejándoos, apoyando vuestro cambio, aplaudiendo vuestro progreso, apostando por vuestra dedicación. Es un trabajo que me llena de alegrías, de compasión, que hace aflorar la humildad y la paciencia, casi sin pretenderlo.

Tuve la gran suerte de entrar en Barcelona Quiropractic y aprender acerca de la quiropráctica. Soy afortunada por formar parte de un equipo humano, genuino, divertido y loco, ¡muy loco!, pero humano ante todo. Y sigo siendo afortunada de seguir entre ellos. Afortunada de sentirme dentro de una gran familia. Mi mayor deseo, además de ver los cambios positivos que experimentáis al seguir el cuidado quiropráctico, es haceros sentir también parte de esta gran familia.

Si deseas recibir información, resolver dudas o, simplemente, tienes curiosidad por conocer la quiropráctica y al equipo que formamos BQ, puedes llamarnos al 605 019 849 o bien mandarnos un whast app a este mismo número de teléfono. ¡Estaremos encantados de conocerte!

NOTA: Esta reflexión ha sido escrita por Montse Salmerón, asistente en Barcelona Quiropractic desde el 2011. Todo lo que aquí se expone se basa en su experiencia personal con la quiropráctica y con las personas que acuden al centro a ajustarse de forma regular en los últimos 9 años.