Habitualmente las personas no somos conscientes de cómo está funcionando nuestro cuerpo. Existe la tendencia, muy arraigada, a creer que si no hay dolor o síntomas, es que estamos sanos. De hecho, la mayoría de personas solo acuden a recibir un chequeo, algún tipo de tratamiento médico o de terapia natural cuando sienten dolor físico (o emocional).

No es de extrañar que esto sea así debido a los condicionamientos que tenemos desde que nacemos. Pero, verdaderamente, si no tenemos dolor o síntomas físicos, ¿cómo podemos tener tan claro que estamos realmente sanos? O, dicho de otro modo, ¿cómo podemos afirmar que nuestro cuerpo funciona a la perfección por el simple hecho de que nada nos duele?

La intención de estas preguntas es que nos atrevamos a indagar un poco más en las respuestas y no nos quedemos en el automatismo: “si no duele es que estoy sano”. Que demos un paso más para cuestionarnos cómo hemos estado viendo y valorando nuestra salud y bajo qué conceptos nos hemos regido para ello.  Hay problemas bastante graves de salud y, desgraciadamente, estos no producen ningún tipo de dolor. Nos encontramos con el colesterol, la diabetes, la hipertensión; y si vamos un poco más allá, hasta hay determinados tipos de cáncer que tampoco producen molestias hasta que su estado es bastante avanzado. Entonces, ¿estamos sanos con alguna de estas enfermedades? La respuesta, en este caso, aparece como NO rotundo.

Si no me duele nada, ¿para qué seguir un cuidado quiropráctico?

En Barcelona Quiropractic no solo cumplimos con la función de que las personas se sientan mejor física, mental y emocionalmente. Además de eso, nos implicamos en la evolución de nuestros pacientes, así como en explicar la importancia de la corrección y, aún más, de la prevención.

Algunas de las personas que acuden a nuestra consulta, se niegan a iniciar el cuidado quiropráctico porque creen que no es apto para ellos puesto que no sienten dolor. Muy lejos de la realidad, además, las posibilidades de que estas personas adquieran un óptimo estado de salud general son más propensas que si vinieran con dolores agudos y de mucho tiempo atrás. La quiropráctica va a ayudarte a prevenir futuras dolencias, a que todo tu organismo trabaje mejor (en todos los sentidos), a reforzar tu sistema inmune, etc. En definitiva, la quiropráctica potencia la capacidad de sanación y regeneración del cuerpo para, precisamente, no tener que llegar al extremo de padecer dolor o desencadenar futuras mal funciones a edades tempranas. ¿Para qué esperar a que el dolor aparezca? ¿Para qué esperar a tener problemas de salud cuando tienes la posibilidad de prevenirlos?

Ocuparse de la salud no es lo mismo que preocuparse por perderla

Al leer estas palabras, automáticamente, la mente entiende lo que aquí se expone. Pero no basta con esto. Si realmente las personas comprendiéramos que la presencia o ausencia de dolor no es equiparable a tener o no salud, nuestros hábitos preventivos se verían incrementados. El dicho “es mejor prevenir que curar” sigue siendo, en la mayoría de casos, solo una idea. De hecho, si lo enseñáramos con el ejemplo, no haría falta decirlo; se iría enseñando de generación en generación.  ¿Qué pasaría si hubiéramos nacido en una familia en la que no es necesario encontrarse mal ni sentir dolor para acudir a un profesional de la salud? ¿Y si, además de en nuestra familia, esto se diera en un elevado porcentaje de la población? Seguramente, seríamos personas con una visión de la salud totalmente integradora, muy diferente a la que actualmente tenemos. Muy probablemente la salud sería un tema que nos mantendría ocupados en conservarla y no preocupados por perderla.

 

La quiropráctica, una preventiva y saludable elección

No importa la edad que tengas. Ni si quiera importa si crees estar 100% saludable o no. La quiropráctica también tiene beneficios a corto y largo plazo para ti. ¿Por qué? Simplemente porque posees un sistema nervioso y una columna vertebral. El sistema nervioso  es un sistema de comunicación mediante el cual todo tu cuerpo recibe la información cerebral de cómo debe estar funcionando en cada momento. Tus extremidades, tus órganos internos, tus músculos y ligamentos, tus órganos sensoriales… ¡Incluso cada célula de tu cuerpo está recibiendo y enviando información a través de este sistema nervioso!  Cuanto más libremente fluya toda esta comunicación, mejor va a funcionar todo tu organismo.

Imagina  una llamada telefónica entre dos móviles cuando no hay cobertura. Cada emisor manda correctamente su mensaje, pero el receptor no lo recibe adecuadamente debido a las interferencias en la línea. Según lo que se quiera transmitir, puede pasar de una anécdota a una situación desastrosa, dependiendo del motivo de la llamada. Del mismo modo, la columna vertebral es el eje central por el que fluye toda la comunicación de tu cuerpo y, además, tiene la función de proteger el sistema nervioso. Si hay cambios estructurales en la columna o subluxaciones vertebrales, esta comunicación va a verse interferida y, en consecuencia, no va a llegar correctamente a su destino. Los ajustes vertebrales devuelven la movilidad y posición correcta a las vértebras subluxadas o bloqueadas para que, de este modo, se libere tu sistema nervioso de interferencias. Con esto no solo mejoran o se corrigen problemas de salud, sino que previenes otros síntomas y potencias la capacidad de regeneración y sanación de tu cuerpo.