Hasta hace relativamente muy poquito tiempo la ciencia establecía que los genes eran los únicos responsables de nuestros cambios a nivel físico, químico e incluso psicológico y emocional. Se consideraba que si nacíamos con unos determinados genes, estábamos condenados a llevar una vida condicionada por dichos genes. Esta idea es conocida como condicionamiento genético. Es evidente que la genética marca una condición en la vida de todo ser humano, también en el plano de la salud. Pero el condicionamiento genético queda lejos de poder dar respuestas a problemáticas actuales (como podría ser el estudio del cáncer) y los avances científicos más recientes demuestran, cada vez con más peso, que el medio ambiente en el que los genes se encuentran modifica su fenotipo, es decir, la expresión de los rasgos tanto físicos como conductuales de una persona.

Epigenética. La influencia del entorno y el medio ambiente en nuestros genes

La disciplina que se encarga de estudiar como el entorno y el medio ambiente influyen en la activación o desactivación de nuestros genes es la epigenética. Y, ¿esto qué quiere decir? Explicado muy brevemente, las marcas epigenéticas permiten que nuestros genes (genoma) se expresen o no dependiendo de las condiciones exteriores a las que están expuestos. Estos cambios no afectan a nuestro ADN de forma irreversible, con lo que aun teniendo los mismos genes toda la vida, pueden expresarse de una forma o de otra según su entorno, generando diferentes respuestas en nuestro físico y en nuestra experiencia de vida. Un ejemplo bastante claro y visible sería decir que la genética es el abecedario y la epigenética es la ortografía y la gramática.

Científicamente se le atribuye la primera definición epigenética a Waddington (1939). Pero la primera teoría epigenética fue desarrollada por el naturalista francés Jean Baptiste Lamarck (1744-1829). La herencia Lamarckiana sostiene que las características adquiridas durante la vida de un organismo son transmitidas a la descendencia, lo que en ciencia se conoce como herencia de los caracteres adquiridos. Lamarck, en aquel entonces, fue un genio de su época que puso sobre la mesa una idea revolucionaria que fue rechazada y motivo de burlas y risas por la comunidad científica, únicamente porque proponía una nueva posibilidad que el resto de científicos no eran capaces de ver. A día de hoy, los avances epigenéticos cada vez dan más sustento a las teorías de Lamarck. De hecho, ya se ha demostrado que heredamos tanto la genética como la epigenética y cosas tan simples como la comida, hacer ejercicio o actitudes ante diferentes situaciones determinan qué genes se expresan y qué genes se silencian. Así que, si heredamos las marcas epigenéticas de nuestros antecesores (padres, abuelos, etc.), también las transmitimos a nuestros descendientes (hijos, nietos, etc).

Hay estudios que demuestran esta evidencia, como por ejemplo uno hecho con gemelos homócigos (provenientes del mismo óvulo y compartiendo el mismo material genético). Estos gemelos presentan características observables diferentes y, aún más a nivel epigenético. En este estudio llevado a cabo por Manel Esteller (2005) además se vio que en los primeros años de vida los gemelos son casi indistinguibles genéticamente. Sin embargo, conforme se van haciendo adultos, se acumulan diferencias en sus marcas epigenéticas debido a sus diferentes estilos de vida (deporte, alimentación, atmósfera, agentes a los que se exponen, actitud frente a situaciones, tolerancia al estrés, etc.). (Más info en este enlace https://youtu.be/rFtvXMRNBmo).

La importancia de ajustarse y seguir un estilo de vida quiropráctico

La dieta que seguimos, si tenemos hábitos saludables o tóxicos, el realizar o no actividad física, incluso el aire que respiramos, conforman el medio ambiente capaz de modificar nuestra genética. Pero no solo aquello que es tangible produce cambios en nuestra genética. De hecho, nuestros pensamientos y nuestras emociones son energías y, como tales, generan química que también modifican nuestra genética. Así que, en Barcelona Quiropractic tenemos en cuenta que hay una parte genética importante pero que también cada ser humano tiene a su disposición un abanico de posibilidades a escoger que pueden activar o desactivar genes, como si de interruptores se tratase, que dependen del estilo de vida que adopta la persona y no tanto de la herencia genética. Los ajustes quiroprácticos ayudan a la capacidad de sanación o de regeneración del propio cuerpo. Esto quiere decir que la información que están recibiendo tus células cada vez que visitas al quiropráctico, hace que el entorno en la que se encuentran tus genes reciba un input nuevo o diferente. Aun así, eso no va a ser suficiente para generar cambios profundos y duraderos si tienes hábitos poco saludables cuando sales de nuestra consulta. De hecho, siempre remarcamos la importancia del estrés físico, el estrés químico y el estrés emocional (triángulo de la salud) en nuestra consulta y ofrecemos otro tipo de servicios y ayuda para que nuestros pacientes den el paso y se atrevan a cambiar con apoyo y seguridad su estilo de vida. Y es que más allá de su genética una persona tiene una experiencia, inteligencia, afectividad y libertad para cambiar aspectos de su carácter y de su estilo de vida. El ser humano tiene una capacidad de superación ilimitada y dicha capacidad no depende de su genética sino de la conciencia de vivir como ser humano que aspira a llegar a ser la mejor versión de sí mismo.

FUENTES:

Esteller, M., «Epigenetic changes in cancer», F1000 Biology Reports 3:9, 2011.

Esteller, M. et al., «Epigenetic differences arise during the lifetime of monozygotic twins», PNAS, vol. 102. No. 30, 2005. (10604-10609)

Felselnfeld, G. y Groudine, M., «Controlling the double helix», Nature, vol. 421, 2003. (448-453)